domingo, 21 de octubre de 2012

Esa tibia noche de octubre, ese aroma que desprendía me hacía pensar que algo andaba mal.



Recuerdo que mis labios comenzaron a jugar con los suyos, sin importar el dónde ni el cuándo. La luna nos hacía parte de ella, expectante, surrealista...

En un pequeño instante, como si fuese el golpeteo de mi cráneo contra la pared, llegó a mi algo: ¡Oh dios!.
Compartía momentos y sensaciones, con alguien que ni siquiera era parte de mí. Pero, ¿Me habría de importar?. Lo dudo.
Sonó el timbre de mi teléfono: era él, mi novio. Despreocupada conteste. Le comenté los hechos. Lo mantuve al tanto de mí; como suele ser costumbre para los dos. Él, como siempre, risueño y encantador. Pero creo que olvidé decirle algo... Que me había besado con mi mejor amigo.

Sus caricias me envolvían en un mundo que si no fuese gracias a él, jamás habría conocido. Toqué su torso y sus manos. Pensé que me faltaría todo una vida para recorrer y descubrir ese cuerpo junto al mío. Esa noche la pasamos juntos: mirándonos y descubriéndonos. Cada vez que veía sus ojos, me veía a mí: a mí, dentro de él.

En cierto momento me sentí vacía. Estaba construyendo una felicidad naciente de una infidelidad. Le dije que se marchara y olvidáramos lo que había sucedido. Esa noche no pude dormir. No sé si fue la emoción de haber estado con él, y besarle por primera vez después de 15 años de silencio.
Al día siguiente llamó, preguntándome si podíamos vernos. Claro,  mientras yo estaba cayendo en su seducción. Sin pensarlo dije que si.
Me atraía ese pequeño ruido que hacía al caminar. Como el viento jugaba con su cabello. Esa tez morena junto a la mía.

En algún momento pensé en contarle, decirle todo lo que tenía, para otorgárselo a él; a nadie más.

Sin darme cuenta, siendo mi amigo, oh ¿no?. Yo me estaba enamorando. ¡Eso no podía ser!...
Decidí dejar esto al futuro, dicen que suele ser mejor.
No trato de engañar a nadie, ni de ocultar nada. Simplemente se siente, así, como levantarte un día y ver que...

Lo amaba, lo supe al tocarlo que lo amaba. Debía hacerle comprender que mi amor era real, aunque las apariencias me desmintieran.

¿Es curioso no? Lo que llegamos hacer por amor...

Pero no estaba tan segura, de que lo fuera. De cualquier forma es una buena ocasión para pensar. O para equivócame, y marcar mi vida. Con un cruel error.


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